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domingo, 19 de diciembre de 2010

¿Racionalidad humana?

Especialistas y psicólogos siempre han comparado nuestro cerebro con computadoras donde se procesa gran cantidad de información y donde se efectúan miles (o millones) de operaciones al mismo tiempo, superando por mucho a la supercomputadora más potente del mundo. Podríamos sentirnos orgullosos de esto, pero nuestro cerebro comete errores aparentemente por capricho; errores que una computadora nunca cometería.

Algunos de estos errores son los prejuicios raciales o estereotipos. Así, cuando analizamos la información que obtenemos, nos dejamos llevar casi siempre por nuestras creencias y expectativas.

Muchísimos estudios realizados han confirmado que, en los análisis causales que efectuamos, solemos ser benevolentes con nosotros mismos: nos atribuimos el éxito de los que nos sucede (pasé el examen porque estudié mucho o porque soy muy inteligente) y, por otro lado, nos exculpamos por los malos resultados (reprobé porque el profesor era cruel y no servía, se me cayó el vaso porque alguien tropezó conmigo). Naturalmente, el estado de ánimo afecta extraordinariamente el análisis causal de la realidad.

Esto deja muy poco espacio para la libertad (¿Qué mayor traba existe para ser libres que nuestro propio coartamiento?). Interpretamos los datos de modo que sustenten nuestras creencias, muchas veces actuando de forma absolutamente ilógica. ¿Somos tan racionales como pensamos? Si, como parece, compartimos aún muchas características con los animales y no podemos interpretar la realidad tal y como es ¿somos realmente libres? Al parecer, si aún tenemos alguna brizna de esa quimera llamada libertad, las modas, un líder de masas o alguna dura crítica a nuestra manera de pensar se encargarán de eliminarla por completo.

A pesar de que el ser humano ha obtenido grandes logros en la ciencia, sobrevaloramos el grado de participación del pensamiento consciente en la vida cotidiana. Está comprobado que gran parte de nuestro comportamiento aprendido queda fijo. En los inicios del proceso, aprender cosas nuevas nos resulta difícil, pero luego no tenemos que esforzarnos mucho para emplear lo aprendido. Por ejemplo, la mayoría de los adultos caminan, se atan los zapatos, escriben y nadan sin ninguna dificultad.

También debemos tener en cuenta que nuestras mejores ideas se nos ocurren cuando no somos conscientes de ello, mientras divagamos o hacemos cosas sin mucha importancia. A partir de esto podemos decir que somos bastante autómatas en nuestros actos; y el automatismo es lo contrario de la libertad, de la originalidad.

Carl Sagan dijo:
Se nos ocurre que un etólogo extraterrestre, escéptico y desapasionado, que estudiara nuestra poco atractiva especie podría llegar a la razonable conclusión de que los Homo sapiens son, en su mayor parte, autómatas poseedores de algunos departamentos de relaciones públicas muy activos y locuaces que se encargan de disculpar y encubrir sus flaquezas.
Existen aún varias pruebas de las cosas que compartimos con los animales, del animal que aún anida en nosotros y no ha sido del todo domesticado por las normas y leyes. Como escribió Hippolyte Taine, un resumen de la naturaleza humana basado en Shakespeare define al hombre como:
una máquina nerviosa, gobernada por un capricho, dispuesta a las alucinaciones, transportada por pasiones sin freno, esencialmente no razonadora… y conducida al azar, por las circunstancias más determinadas y complejas, el dolor, el crimen, la locura y la muerte.
----------------- ¿Y ustedes qué opinan?

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