Páginas

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Creer en Santa es como creer en Dios

Una de las cosas que me molestan al discutir con alguien es que al utilizar una analogía (así me explico mejor, creo), mi interlocutor la desdeña con la frase "No es lo mismo."

La gente (me incluyo) tiene problemas para comprender la esencia de las analogías, sobre todo a media conversación. La gente las interpreta como un paralelismo exacto, preciso. Es decir, si esto lo comparas con aquello, ambos conceptos deben parecerse mucho (o ser el mismo), o estás haciendo trampa.

Sin embargo, el propósito de una analogía normalmente refleja sólo una parte del paralelismo, aquella parte esencial para la discusión. La mejor forma de entender esto es la analogía que creer en Dios es como creer en Santa Claus.

Esta es una analogía empleada por Richard Dawkins en su libro El espejismo de Dios (aclaro que él no es el primero en comparar la creencia en Dios con la creencia en Santa Claus, el hada de los dientes o el Monstruo de Espagueti Volador). Esta analogía es interpretada por creyentes como una analogía ofensiva.

Esto sucede porque no se capta lo esencial de la analogía, probablemente porque la gente se irrita cuando la comparan con un niño que cree en fantasías infantiles. Tal es el caso que el teólogo Alister McGrath, en su libro The Dawkins Delusion?, una obra que critica la visión ateísta de Dawkins y su falta de diplomacia, contiene el siguiente fragmento:
Dawkins compara con frecuencia la creencia en Dios con una creencia infantil en Santa Claus o el Ratoncito Pérez, diciendo que es algo que todos deberíamos superar. Pero la analogía es imperfecta. ¿Cuánta gente conocen que empezase a creer de adulta en Santa Claus?
McGrath simplemente manifiesta que no comprendió el argumento de Dawkins. Al usar una analogía, es importante analizar qué parte de la comparación es pertinente. McGrath no hace eso: toma toda la comparación y así llega a su conclusión: claro que no es "idéntico" creer en Santa Claus y creer en Dios.

Entender eso es como entender que, cuando dicen "tus ojos son como el océano en invierno", alguien conteste "no es verdad, porque el contenido salino del océano es superior al contenido salino del ojo humano."

Esto dice Julian Baggini:
Asimismo, decir que la creencia en Dios es como la creencia en Santa Claus no significa que esté confinada a la primera infancia ni implica que Dios tenga un reno llamado Rudolph. La clave de la analogía está, para Dawkins, en la base probatoria de la creencia. Dios es como Santa Claus y el Ratoncito Pérez, dice Dawkins, ya que algunos creen en él, pero no hay pruebas de su existencia. Utiliza deliberadamente un ejemplo de algo que sabemos que no existe, porque quiere defender que las pruebas a favor de Dios no son más sólidas que las pruebas a favor de estas fantasías infantiles. Este argumento puede ponerse en tela de juicio: quizá pienses que hay indicios de la existencia del Dios judeocristiano. Pero el argumento no se aborda siquiera si se considera significativo un aspecto irrelevante de la analogía. Esto es lo que hace MacGrath. Dice que la analogía no funciona porque las personas empiezan a creer en Dios cuando son adultas, mientras que adoptan la creencia en Santa Claus sólo de niños.
----------------- ¿Y ustedes qué opinan?

0 comentarios:

Publicar un comentario