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lunes, 8 de noviembre de 2010

Saló: Los 120 días de Sodoma | Grotesco relato de la crueldad humana

"Están fuera de toda legalidad, nadie en la tierra sabe que están aquí. Por lo que respecta al mundo, ustedes ya están muertos."
Está noche les hablaré de la terrible (o maravillosa) "Saló o los 120 Días de sodoma" ("Salò, o le 120 giornate di Sodoma", Pier Paolo Pasolini, 1975). La experiencia más extrema que he vivido jamás en un largometraje (así es, peor que Princess). Es una película que mucha gente conoce sólo de oídas, o que ha visto alguna escena y se ha alejado sin querer saber más. Les advierto desde este momento que este artículo será más fuerte que otros que he escrito, ya que una película tan impactante deja secuelas hasta en la crítica. De hecho confieso que siento escalofríos mientras escribo esto, volviendo a pensar en la obra de Pasolini.

Prohibida en gran cantidad de países, un atentado contra Dios según la iglesia, una película fascista y sanguinaria según muchos de sus críticos, los desvaríos de un loco comunista, según el resto. Un escándalo para todos. Trataré de explicar si "Saló" no es más que la obra de un enfermo, o hay más detrás de sus imágenes de violencia y vejación, tras tanta sangre y tanta mierda. No será un viaje agradable, pero creo que yo mismo me lo busqué. Así que, sin más: Bienvenidos a la República Independiente de Saló. Bienvenidos al infierno.

El Imperio del Mal
Pasolini: comunista, homosexual, escritor, ateo, cineasta, poeta... Un individuo contradictorio donde los haya: al punto de que filmó "El evangelio según San Mateo" ("Il Vangelo Secondo Matteo", 1964), ampliamente celebrado por el Vaticano, y después creó este Anticristo para la iglesia católica.

¿Qué significa este perverso objeto inclasificable? ¿Una aberración sin sentido alguno, o una obra magna irrepetible? Intentemos esclarecer el asunto: la República de Saló fue un estado creado por Mussolini tras su destitución. El último bastión fascista a finales de la segunda guerra mundial. También se sabe que quien realmente movía los hilos de este gobierno era nada menos que el Führer Alemán, un tal Adolf Hitler. Este es el marco utilizado por Pasolini para desarrollar su última película antes de ser asesinado, basada a su vez en el libro del Marqués de Sade "Los 120 días de Sodoma". Teniendo una suntuosa mansión como escenario, conoceremos a cuatro personajes muy... particulares: El Presidente, El Duque, El Obispo y El Magistrado; ellos representan los cuatro poderes, todos corruptos, todos infernales. Los retratos humanos más repulsivos jamás vistos en una pantalla, serán jueces, jurados y verdugos absolutos de toda vida que pase por sus manos. El poder—el mal—en su estado más puro.

Cuatro Círculos Infernales
La película se divide en cuatro partes, cuatro espantosos movimientos, cuatro círculos concéntricos basados en los nueve descritos por Dante en su "Divina Comedia". En el Anteinfierno, somos testigos del secuestro de 18 jóvenes que se convertirán en las víctimas. Ante una gran mansión, los cuatro torturadores dan un ominoso discurso a sus presas "La escapatoria es imposible, abandonad toda esperanza". Pasolini no miente. Nos introduce al infierno desde un inicio. Pasamos al interior de la mansión, en la que un pianista y unos impecables movimientos de cámara contrastan con el contenido del salón: una vieja harpía se dedica a narrar historias para deleite de los íncubos presentes, mientras los muchachos y muchachas les rodean desnudos, en actitud sumisa, prestos a satisfacer los arrebatos sexuales de sus ahora dueños (cualquier comportamiento que no sea la obediencia total es castigado con la muerte). Es en este momento donde se asientan las bases del mortal juego. Una de las chicas es asesinada por rezar. El único dios existente a partir de este momento son los cuatro (repulsivos) jinetes del apocalipsis. En otro momento, los jóvenes, desnudos y con correas, son obligados a comer del suelo, como perros. Lo primero es matar al espíritu humano. Ya se encargarán luego del cuerpo. En todo este tiempo, el argumento no avanza, predomina la repetición, dando golpe tras golpe a nuestra cordura. Día tras día, relatos y humillaciones en el salón del palacio, consiguiendo una atmósfera que nos hace sentirnos en una pesadilla.

Y así, entre humillaciones y maltratos sin más razón que la impunidad de llevarlos a cabo, llegamos al "Círculo de la mierda". Los espectadores abandonan la sala en oleadas. Es ésta la parte más célebre del film. Aquí se vuelven a repetir los escenarios (el salón-auditorio de las macabras historias), los actores (los cuatro abominables, las viejas y repugnantes prostitutas, las aterrorizadas víctimas), pero cambia el contenido de los relatos. Nos adentramos sin notarlo en terrenos prohibidos, en los más oscuros y repulsivos deseos sexuales. Las humillaciones a las presas humanas llegan a su límita, y todo desemboca en un nauseabundo festín—orquestado como buffet de lujo—de excrementos humanos. El espectador simplemente no puede mantener la mirada. Pasolini encontró el límite de aguante de una imagen fílmica. Después de esto, el director nos niega tajantemente cualquier atisbo de final feliz y, en la segunda parte, el "Círculo de la sangre", comprobamos que no hay salida posible. Varios de los cautivos son ejecutados por haber mantenido relaciones entre ellos. Todo lo que hace que un ser humano lo sea, queda proscrito. El final de muchos de ellos es atroz: marcados como ganado, quemados, descuartizados bajo un sol abrasador en la que tiene que ser la escena más desasosegante y cruel jamás filmada. De fondo, dos de los ayudantes de los enfermizos señores bailan un vals. No hay remordimientos. No hay catarsis. No hay salida.

Conclusión
El cuerpo dando arcadas, la mente golpeada, apaleada, y el alma herida. Esas son las sensaciones que me dejó "Saló". Habiendo dicho esto, la considero una de las películas más importantes en la historia del cine. Las expresiones Obra Maestra y Horror Absoluto están de más. El ser humano es capaz de lo peor, eso es ser realista. La lección—brutal— de Pasolini es ésta: que jamás vuelva a existir en ningún momento, en ningún lugar, en ningún régimen político, una posición de poder tal que pueda disponer de la vida de otro ser humano a su antojo. Jamás debe volver a pasar. Esta película quiere (y debe) funcionar como revulsivo para el público. No deben darse las circunstancias para otro nazismo. Aquí no disponemos de ningún héroe, de ningún "Schindler". El que quiera ver, que la vea. Nunca más la veré, pero debemos saber. No debemos repetir la historia. Esta obra se erige como una señal de peligro, como una baliza que lea "Recuerden a Pasolini. Recuerden Saló".

----------------- ¿Y ustedes qué opinan?

4 comentarios:

Héctor Miguel opina...

Peor que princes eh! puedo decir tengo miedo!! aunque tu reseña suena de verdad impactante, y me imagino que lo mejor seria no verla, no me queda mas que hacerlo, y tendre que, para escuchar despues un te lo dije! =)

picoelrico opina...

el mas enfermo es el flaquillo, creo qe el juez

picoelrico opina...

no, no , era el presidenteee, ese es el mas enfermo... salo te deja aturdido y sin ganas de comer chocolate en un buen tiempo, pero tiene sus momentos que no son tan repugnantes, dialogos, mas bien, crueles si, pero esa es la idea creo, adaptar la obra del marques de sade a un contexto cultural en donde encaje, aunque si alguien se lo propone podria incluso adaptarla a nuestros tiempos, los personajes principales no cambiarian mucho solo un par de profesiones... pero es muy dudoso que alguien tenga el estomago y la suficiente fuerza de voluntad para no quedar demente en el proceso hehehe, tal vez un terry gilliam muy muy MUY drogado y borracho se atreveria a hacer algo asi, nunca lo sabremos!

Unknown opina...

@Héctor: Ok, advertido quedas.

@picoelrico: Nah, con un Saló basta, no creo que una adaptación fuera buena. Los directores ya no son como los de antes.

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