Por algún motivo recordé este curioso experimento realizado por Salomon Asch, un psicólogo estadounidense de la década de 1950, pionero en psicología social
El experimento consistía en pedirle a un grupo de personas que diferenciaran a simple vista la longitud de una serie de líneas rectas dibujadas. Todas las personas eran personas que trabajaban con el experimentador y tenían que mentir; es decir, eran ganchos; sólo una persona era inocente en este experimento.
Ante dos líneas de distinta longitud, los ganchos afirmaban casi inmediatamente y sin duda alguna que eran iguales.
Al llegar el turno del individuo experimental, éste generalmente acababa diciendo lo mismo que los demás. Era obvio que veía distintas las líneas, pero la presión psicológica afectaba su respuesta, su sinceridad.
Aunque gran parte de los sujetos contestaron sincera y acertadamente, una proporción de alrededor del 30% contestaba acorde al punto de vista mayoritario, aún cuando había varios centímetros de diferencia entre las líneas.
Cuando los ganchos no estaban todos de acuerdo, era más probable que el sujeto dijera su propio punto de vista que cuando todos decían lo mismo. Los sujetos que no habían sido expuestos a la opinión de la mayoría no tenían problema alguno en dar la respuesta correcta.
Así que ya saben, queridos lectores: el hecho de que la mayoría esté de acuerdo en algo no es motivo suficiente para que eso sea cierto. Den su opinión propia en todo; si se equivocan, saldrán de dudas; si estaban en lo correcto, podrán burlarse al respecto.
----------------- ¿Y ustedes qué opinan?

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