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martes, 9 de noviembre de 2010

Los términos políticamente correctos

Miembros, miembras; negros por personas de color; oh, my God por oh, my gosh. La obsesión por dulcificar las palabras para mostrar mayor respeto o exhibir un pensamiento más puro es nuestro pan de cada día.

Este ejercicio me parece estéril, ya que se basa en una mentira comúnmente creída y aceptada: las palabras modelan nuestra mente.

Actualmente existe mucha presión para sustituir determinados términos que se consideran raciales o despectivos por palabras más neutras y eufemísticas. La idea que subyace a esta estrategia es que las palabras son tan fuertes que pueden predisponer las actitudes de las personas.

Esta idea, que ya tiene bastante tiempo, no ha sido autentificada y no ha resultado fructífera a la hora de cambiar la sociedad. Tomemos un ejemplo: En 1994, Los Angeles Times prohibió en sus publicaciones alrededor de 150 palabras de este tipo: inválido, minusválido, Canuck. En el idioma español, la palabra "negro" ha sido sustituida por "persona de color" o incluso por "miembro de la diáspora africana" (se lo escuché a una persona y casi me tiro al piso de la risa). En Estados Unidos, el término nigger es casi un crimen. Ello no enmienda el problema del racismo o del desprecio, ni de los estereotipos. Citaré al psicólogo Steven Pinker:

Los lingüistas conocen bien el fenómeno, al que se podría denominar “la rueda del eufemismo”. La gente inventa palabras nuevas para referentes con una carga emocional, pero el eufemismo se contamina pronto por asociación, y hay que encontrar otra palabra, que enseguida adquiere sus propias connotaciones, y así sucesivamente. Así ha ocurrido en inglés con las palabras para denominar los cuartos de aseo: water closet se convierte en toilet (que originariamente se refería a cualquier tipo de aseo corporal), que pasa a bathroom, que se convierte en restroom, que pasa a lavatory.

Esta sustitución de términos que borda en lo obsesivo, demuestra que las palabras no son las que modelan la mente de las personas, sino los conceptos. Podemos bautizar un mismo concepto con diferentes formas, pero el concepto permanece.

Mientras la gente tenga una actitud negativa hacia, por ejemplo, las minorías, los nombres para designarlas cambiarán constantemente sin que la actitud cambie. Ser machista o no serlo no depende de si empleamos lenguaje sexista. Tampoco si empleamos palabras racistas. Sabremos que hemos conseguido respetarnos mutuamente cuando los términos permanezcan inmutables.

----------------- ¿Y ustedes qué opinan?

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