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martes, 26 de octubre de 2010

Los escritores pedantes en la no-ficción

Admito que cuando leo novelas o cuentos, la terminología usada suele rozar el esnobismo y la pedantería. Eso es un objetivo buscado por el escritor: las novelas buscan estimular el cerebro del lector, su imaginación; favorecer la variedad de interpretaciones. Si dudan esto, les recomiendo den un paseo por el hermetismo de James Joyce, que recorran las insubordinaciones de Marcel Proust o que se adentren en la terrorífica imaginación de E.A. Poe.

El problema es que la cosa se pone fea cuando estamos frente a un texto que no es de ficción: un ensayo, un artículo o una opinión en Twitter/Facebook. Es entonces cuando me molesto. Es más, es como una reacción instintiva: aquel que escribe su opinión en términos literarios pomposos, poéticos o sólo con citas literarias, pierde automáticamente todo su crédito intelectual. Punto.

Cuando se trata de cómo funciona el mundo real, el escritor está obligado a comunicar sus reflexiones, observaciones y hallazgos de la forma más accesible posible. No debe haber lugar a interpretaciones (ejemplo: las interpretaciones son nocivas cuando se explican los principios de la gravedad o la termodinámica).

Esto no significa que se prohiben las palabras cultas o técnicas. Lo que sí debería evitarse a toda costa es el uso de construcciones sintácticas demasiado complejas, el uso de metáforas demasiado poéticas, el dar por hecho que tu lector es tan (o más) leído como tú, etc.

Si se incumplen estas normas de claridad, entonces ya no es un texto de no-ficción o, si lo es, es noficción ególatra, en el mejor de los casos. En el peor es un texto que hincha lo que por definición debe ser simple, tal vez incluso equivocando el concepto. Para ello, pueden (tratar de) leer a autores incomprensibles (como Jacques Derrida) incluso para especialistas en el tema.

Y, oh sorpresa, hemos llegado al meollo del asunto: Si existe una "corriente" tan abundante de textos herméticos es porque el hermetismo apantalla. La reacción psicológica del lector es algo como: si no entiendo casi nada, debe ser porque este tipo sabe mucho. Algo posiblemente equivalente a (a ver... voy a irme al extremo aquí): en una exposición de arte moderno, nos encontramos con heces en una botella. Nuestra falta de reacción nos hace creer que no somos lo suficientemente cultos para apreciarla, y se nos sale una reacción fingida o un comentario ridículo interesante al respecto, para no parecer el único abstemio en una reunión de año nuevo (si no me creen, vayan a su galería de arte más cercana en la inauguración de una nueva exposición).

Resumiendo: estos textos tienen su origen en las ansias del escritor de dárselas de profundo, y en las ansias del lector de no parecer estúpido. Por eso, si alguna vez me encuentran discutiendo con alguien que usa poesías más que razones como argumentos, pasará una de dos cosas: O me retiro, o le pido que me lo explique como si tuviera 6 años.

Como leí hace poco, esa sería la mejor receta para escribir no-ficción: forma para niños de 6 años, fondo para adultos. Es la mejor manera de explicar algo y que sea comprensible; también es la mejor manera de dejar al descubierto las inconsistencias de lo explicado.

Continuará :)

----------------- ¿Y ustedes qué opinan?

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