Hoy voy a hablar sobre los errores
ortográficos y gramaticales en la redacción. Muchos de ustedes
sabrán que tengo la costumbre de corregir a quienes se equivocan en
estos aspectos, siempre que esté seguro de que la corrección que
estoy presentando es la correcta.
Para muchas personas, cometer esta
clase de errores es motivo de vergüenza o frustración. Otros hemos
aprendido que es imposible evitarlos siempre y hemos aprendido a
vivir con ellos.
En lo personal, siempre reviso mis
comentarios, publicaciones, artículos y tweets para evitarlos. En
ocasiones no los detecto yo; los detecta un amigo, un familiar o un
completo extraño que me leyó, y me llegan en forma de comentarios,
correos electrónicos o tweets en respuesta al mío. Cuando esto
pasa, suelo jurar venganza y planear la perdición de quien lo envió
agradecer el comentario y seguir con mi vida.
He participado en muchas discusiones
sobre cuándo, cómo y a quién corregir. Para mí, el hacerlo es cuestión de
respetar al idioma y a los lectores. Trato de ser educado y actuar dependiendo de
quién y dónde haya cometido el error. Si es en una publicación
en un blog de alguien a quien no conozco, suelo enviar un correo al
autor. Si es un tweet o una publicación de Facebook de un contacto
mío, la envío como respuesta, sin más.
Curiosamente he notado que las personas
reaccionan mejor cuando es un desconocido quien les hace ver que
cometieron un error. Si tu amigo, pareja o primo te dice “te
equivocaste”, la primera reacción suele ser ponerte a la
defensiva. A nadie le agrada ser criticado.
Afortunadamente mis conocidos -al menos
la mayoría de ellos- entiende y acepta que no lo hago por
ofenderlos, lo hago porque soy obsesivo como sugerencia para que no
cometan el mismo error en el futuro.
Y ustedes, lectores, ¿Han estado en estos casos? ¿Cómo han reaccionado?
Gracias.
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La foto al inicio pertenece a elviejoamargo

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